Desde
despachos que rozan el cielo, los amos de las finanzas con poderosas
calculadoras cuánticas desatan tormentas perfectas que se extienden a la
velocidad de la globalización. La especulación financiera es un huracán virtual
que surge desde las ventanas de la banca internacional; a su paso va
desposeyendo a las poblaciones de su riqueza para acumularla en sus ordenadores
privados. El ojo del huracán financiero, que es la codicia, engulle moneda a
moneda, billete a billete, a la economía real, que es la que alimenta a los
pueblos: eleva los precios por los aires, devasta los puestos de empleo,
devalúa la fuerza de trabajo. Las ventanas de la banca internacional succionan con
sus vorágines especulativos el jugo del esfuerzo del pueblo. Desde las ventanas
de los rascacielos caen tormentas de granizo que apedrean las cabezas de los trabajadores
y las cosechas que los alimentan. La especulación es el tormento que atruena
sobre la salud de las democracias, hundiéndolas en crisis existenciales. Mientras
la tormenta especulativa continúe los derechos humanos no serán más que papeles
mojados de sangre financiera.

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