Terrorismo financiero
Desde despachos que rozan el cielo, los amos de las finanzas con poderosas calculadoras cuánticas desatan tormentas perfectas que se extienden a la velocidad de la globalización. La especulación financiera es un huracán virtual que surge desde las ventanas de la banca internacional; a su paso va desposeyendo a las poblaciones de su riqueza para acumularla en sus ordenadores privados. El ojo del huracán financiero, que es la codicia, engulle moneda a moneda, billete a billete, a la economía real, que es la que alimenta a los pueblos: eleva los precios por los aires, devasta los puestos de empleo, devalúa la fuerza de trabajo. Las ventanas de la banca internacional succionan con sus vorágines especulativos el jugo del esfuerzo del pueblo. Desde las ventanas de los rascacielos caen tormentas de granizo que apedrean las cabezas de los trabajadores y las cosechas que los alimentan. La especulación es el tormento que atruena sobre la salud de las democracias, hundiéndolas en crisis existenciales. Mientras la tormenta especulativa continúe los derechos humanos no serán más que papeles mojados de sangre financiera.
Posesión cultural
El consejo de nigromantes de la gran empresa conjura en su ceremonia industrial a los espíritus de la persuasión. Los entes acuden a la invocación creativa. Los nigromantes los condensan en un hechizo publicitario disfrazado de obra de entretenimiento o de informativo. El encantamiento, cargado con las fuerzas del convencimiento, se libera desde la pantalla tecnológica. Los espíritus, representantes de intereses comerciales, se abalanzan enrabiados hacia la mente espectadora. Con su apariencia de inocencia, neutralizan sus recursos racionales; con sus promesas de placer inminente, la embelesan; con sus espectáculos de circo psicodélico, la hipnotizan. Así logran introducirse en el núcleo neuronal, donde inyectan su néctar cultural y se instalan como moradores metafísicos. Se apoderan de la conciencia, la poseen. Ahora detentan fragmentos de poder. Manipulan sus conexiones ideológicas: condicionan la interpretación de la realidad, influyen en las tomas de decisiones, confunden los deseos y las necesidades.
Sólo un espíritu, el crítico, será capaz de exorcizar de la conciencia a los entes comerciales.
La indiferencia
La indiferencia es el ego cubierto con una espesa capa de hormigón. Cuando aparece una realidad incómoda ante sus ojos, el ego se recoge en su interior para darse una ducha de cemento armado, y luego se pone al sol de la evasión para acartonarse en sus placeres.
Capitalismo pirómano
El capitalismo financiero ha prendido a la civilización con la antorcha de la usura. Las llamas se propagan por la economía, la política, la sociedad, la comunicación: los cuatro poderes se funden en el caldero del capital. Los engranajes del mercado global, enrojecidos como diablos, a su paso carbonizan: a las personas, a los animales, a los vegetales, reduciéndolos a ascuas, recursos de comprar y tirar. El fuego del libre mercado, provocado desde las altas esferas, incinera a los espíritus, consumiendo su esencia en brasas: a los de los pueblos, en piras inquisidoras; y a los del poder, en la hoguera de la codicia. El capitalismo pirómano celebra pirotecnias de derechos humanos que estallan como fuegos artificiales y se desvanecen entre los valores del mercado. La solidaridad por la otredad se evapora en espeso y negro humo que anega a las conciencias de confusión vital. El aire se lleva a la dignidad humana, calcinada, como a las cenizas del volcán. La resignación de los buenos es la maleza que alimenta las llamas de este incendio civilizatorio y la indiferencia el clima que lo permite.
¿Cuánto dinero te hace falta para vivir?
Un empleado de mercadona económicamente vive bastante bien: puede cobrar 1.300 € mensuales, al año 15.600 € (más de la media, que son 12.000 €). Ponle que esta persona empieza a trabajar a los 20 y se jubila a los 67: habrá ganado en su vida 733.200 €. Es decir, que una persona humana con 1 millón de € puede vivir toda una vida desahogadamente. ¿Te imaginas lo que sería tener 5 millones €? Podrías vivir toda una vida de derroches y despilfarros, si eso te hiciese feliz.
Pues el dueño de mercadota no se conforma con acumular 5 millones €, ni con 50, ni siquiera con 500 millones €: su patrimonio oficial asciende a 4.600 millones €. Insultante, humillante, degradante. Aun así, todavía necesita ampliar más su codicioso imperio.
Este el tipo de gente, conocidos como los grandes mercados financieros, que no habrá más de 15 familias en España, es la que dirige los hilos de la sociedad, la política y la economía: ellos monopolizan todos los recursos naturales y humanos: energía, combustibles, alimentos, ropa, tecnología, dinero, empleo, viviendas, finanzas, etcétera. Y ahora están exigiendo la extinción de los derechos sociales de las mayorías para podernos explotar mejor. Ellos lo tienen bien claro: la guerra de clases existe, y la están ganando desde hace mucho. Y si no nos ponemos en marcha, la ganarán definitivamente.
Imperialismo musical
El proceso de la gota china es una tortura que consiste en someter a la víctima al sonido continuo de una gota golpear sobre su frente con el fin de agotarlo psicológicamente. Este suplicio se ha sofisticado y hoy es la población la que se somete a él por iniciativa propia. No es fácil escapar de este martirio mental porque la gota golpea en coches, autobuses, casas, comercios, etcétera, de modo que aunque huyas de ella te persigue hasta que te salpica sin poder evitarlo. La gota está disfrazada de canciones que parecen distintas pero son igual, sus componentes se reducen a: percusión electrónica de compás cuatro por cuatro invariable, estribillo repetido ocho veces en tres o cuatro minutos, dos melodías, tres en los mejores casos, que alternan voz y sintetizador de un único sonido. El constante bombardeo de un repertorio endiabladamente mínimo de canciones abrumadoramente monótonas durante minutos, horas, días, semanas, meses, años... martillea tus neuronas hasta su muerte y resurrección como zombis, y disloca tu imaginación creativa hasta la dimensión del tedio. La gota desemboca lenta y constantemente en el mar del subconsciente invadiendo las profundidades de necias melodías que perseguirán tu alma una transmigración tras otra. Cuidado con qué emisora sintonizas, las carga el poder.
