jueves, 26 de septiembre de 2013

Sueños colonizados.

Nos hacen creer que el dinero es felicidad. Nos inculcan el dinero como valor absoluto y de esa forma colonizan nuestras mentes: teledirigen nuestras metas y objetivos vitales, moldean nuestros sueños. Manipulan nuestra forma de ver el mundo y nuestra ideología. De esa forma nos hacen sumisos del sistema capitalista, obedientes incondicionales.
Ayer, en El Hormiguero, entrevistaron a Mario Casas y a Hugo Silva. El público admira a esta gente: son iconos sexuales; gozan de un éxito profesional que les garantiza prestigio social y mucho dinero; y, además, como demostrará la entrevista que les hacen (inocente el que crea que es espontánea y no preparada hasta el último detalle), son gente muy divertida, gente que sabe pasárselo bien, vivir la vida con alegría. Es decir, por lo que ya conocemos y por la percepción que nos va a generar el programa (que lo tiene todo calculado milimétricamente para apoderarse y jugar con nuestras emociones), estos dos actores representan el éxito social y la felicidad.
Son ídolos de masas. Son gente culturalmente muy influyente (igual que los deportistas de élite, por ejemplo). Las opiniones que expresan en público son cruciales porque los adolescentes (de edad y mentalidad) los ven en buena parte como ejemplos a seguir. Su responsabilidad social es (o debería ser) vital.
En un momento dado del programa les preguntan ¿Qué es lo que más valoras de una mujer? Esta pregunta es clave porque, a través de su respuesta, el público espera obtener un consejo de un valor incalculable: las chicas, babeando por todos lados, obtendrán información para gustar a héroes como ellos y los chicos, deseosos de estar en su lugar, para parecerse un poco a ellos. Es decir, la respuesta a esa pregunta representa un valor absoluto que se asocia a la felicidad.
Ahora, adivinar la respuesta de Hugo Silva… ¿Alegría, honestidad, responsabilidad, solidaridad, sinceridad, disciplina, estabilidad, madurez? No, nada de eso. Dinero. La respuesta es: dinero. Lo que más valora de una mujer es el dinero.
Y lo más gordo es que no existe ningún tipo de pudor de decir tamaña insensatez en público. Quizás porque no somos muy conscientes de la importancia de los valores humanos. Los valores son la base de nuestro pensamiento, a través de ellos vemos el mundo de una forma u otra, elegimos nuestras actitudes, nuestros gustos y preferencias, conformamos nuestra ideología. Hay valores positivos que inducen a la felicidad y los hay negativos que generan infelicidad. Poner el valor del dinero por encima del valor de todas las cosas (por ejemplo, la dignidad o la honestidad) es despreciable, de primeras porque es falso que a más dinero mayor felicidad y de segundas porque no puedes esperar nada positivo de personas con ese pensamiento.

Es despreciable que gente así de irresponsable fomente estos valores y es despreciable que haya programas así de perjudiciales. Pero lo más perverso es que  estos son los valores de las corporaciones mediáticas, los que quieren que nosotros tengamos. Quieren que el capital sea nuestro sueño. Porque nadie quiere destruir sus sueños.


martes, 24 de septiembre de 2013

De los que se hacen los ciegos.

Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver. En efecto. Conozco el caso de personas que, sin ser ciegos, llevan los ojos cerrados. Aprietan los párpados con fuerza para que no les entre ni un sólo resquicio de luz. No quieren ver. Porque saben que si abren los ojos se darán cuenta de que el mundo es un vertedero que hay que limpiar. Y no quiere limpiar. Si abren los ojos confirmarán que sus ídolos son grandes señores de la contaminación. Y no quiere cambiarlos. Si abriesen los ojos tendrían que renunciar a sus sueños, que están hechos de humo. Y no quieren renunciar a ellos, porque no tienen otros. Si abriesen los ojos comprobarían que su padre protector es un tirano. Y entonces tendrán que emplear todas sus energías en emanciparse de él. No habría excusas. Demasiado riesgo. Demasiado incómodo.
Los que llevan los ojos apretados, cuando se despistan y los abren un poco, intuyen que viven en una ficción. Pero al fin y al cabo una ficción compartida por muchos. Una ficción casi real. De modo que vuelven a presionar los párpados con fuerza rezando por que la realidad se convierta en su ficción para siempre.
Al llevar los ojos cerrados no ves la luz, así que tampoco ves el vertedero, no ves los gases tóxicos que contaminan el ambiente, no ves las enfermedades que provocan los desperdicios. De modo que no hay que limpiar, no hay que preocuparse. Piensan que se limpiará sólo, o que lo limpiarán otros, o que simplemente no les afectará. Con los ojos cerrados, todo es más sencillo.
Pero, eso sí, poco a poco el hedor putrefacto de la basura se va haciendo insoportable. Y se puede vivir con los ojos cerrados, pero no con la nariz tapada.