Minirelatos

      Pepe Ro, el parado que votó al PP, viendo el telediario.

22/7/2013

Hoy la cerveza me la voy a tomar en casa porque me la hago todos los días en el bar y al final de sueldo (400 € que me da la seguridad social por ser parado de más de 52 años) me sobra mes. Así que cojo el mando a distancia y me abro la cervecita. Mira tú por donde, hoy voy a ver las noticias. Aquí mismo, en antena 3 que Acaban de empezar y la presentadora está muy guapa. A ver cómo va el país.
Dicen que Rajoy va a comparecer en el parlamento, a ver si es verdad que da explicaciones y nos dice quién se ha llevado o no se ha llevado sobres.
Menos mal que han metido al Bárcenas ese en la cárcel. Por lo menos algo funciona en España: la justicia. A ver si ahora lo embargan y de puta madre.
Ahora sacan al sinvergüenza del Rubalcaba ese. Menudo granuja, si es que son todos iguales, de izquierda y de derecha.
La Cospedal dice que Bárcenas era un ladrón y que no tiene nada que ver con el  Partido Popular. Anda que no, pero bueno, cuando lleguen elecciones les votaré igualmente. Todo con tal de que no salgan los sociolistos esos.
Me estoy enterando de todo lo que ha pasado con el caso Bretón, hasta de si caga blando o duro. Menudo hijo de puta. Tendrían que matarlo. En EE.UU ya lo hubiesen fulminado. Lo mismo tendrían que hacer aquí.
Por fortuna no todo son malas noticias: el turismo está creciendo en las playitas. Eso, eso, que vengan los guiris y que se dejen aquí los dineros (Anda que tía más buena en tanga). Si esto sigue así, en cuatro días saldremos de la crisis. Cuando me salga un buen curro me pienso comprar una casa nueva y un coche, además de pagarle los estudios a los chiquillos, claro, y de hacer las bodas de plata con mi mujer.
Joder con la juventud esta, está loca, tirándose a la piscina desde los balcones, normal que se rompan las piernas. Y es que el que han entrevistado tiene razón: se ponen hasta arriba con alcohol barato: si es que lo tendrían que poner más caro el alcohol joder, así no pasarían estas cosas, que además las tenemos que pagar con los impuestos de todos.
A ver la fiesta taurina. Joder, ese toro debe pesar unos 400 Kg, a ver si coge a alguien. Ostia, al chaval ese le ha tenido que joder bien. Si es que se ha acercado cuando iba a embestir, normal.
Vaya, le ha caído un relámpago a un chaval y no lo ha matado de milagro. Las tormentas de verano son peligrosas. Por suerte los especialistas del telediario nos dan consejos para que no nos pase. Por eso es bueno ver las noticias.
Joder con los accidentes de tráfico: cuatro este fin de semana. Mira, a ese lo han destrozado ¡ostias, qué imagen! Hay que tener mucho cuidado en la carretera.
Mira, casualmente en la publicidad lo están diciendo: que hay que asegurarse todas las piezas de coche antes de viajar. Tendremos que contratar un seguro de estos que dicen que te hacen las revisiones gratis.
Bueno, y ahora lo que interesa: los deportes.


En mi mundo no quiero monstruos  


Un día ves brillar una luz. Te acercas y te das cuenta de que sale de una grieta. Miras a tu alrededor te das cuenta de que esa grieta forma parte de la pared de tu mundo. Te asomas a la grieta y ves que existe otra realidad, un mundo distinto del tuyo. Más real, más inmenso, más incómodo.
Tú vives muy bien en tu mundo, no quieres cambiarlo. Así que te pones a cimentar la grieta por la que asoma la luz. Todo pasó. Puedes vivir en tu realidad sin que nada amenace tu forma de vida, tus creencias, tus costumbres, tus gustos, tu visión del mundo.
Pero tu realidad no está blindada en oro y al poco tiempo la pared se vuelve a resquebrajar, así que añades una nueva capa de cemento. Aparece otra grieta, das otra capa de cemento. Más grietas, más cemento. Las fisuras de tu cápsula mundo van apareciendo demasiado rápido. Tienes que esforzarte mucho para mantener tu realidad intacta. Piensas que quizás tendrías que asomarte a un agujero y acostumbrarte a ese mundo tan diferente. Te asomas, pero lo que ves no te gusta: hay mucha gente ahí fuera luchando contra un monstruo gigante. Toda esa gente te está llamando, te dicen que te necesitan, te dicen que tú también los necesitas. Te dicen que, si no sales, un día el monstruo acabará por devorarnos a todos. Pero tú no quieres salir de tu mundo: te da miedo el monstruo, te da miedo la gente, te da miedo la realidad de ahí fuera.
De modo que insistes en seguir reformando tu cápsula de hormigón: la insonorizas para no escuchar los gritos de afuera; la perfumas para solapar el olor a hambre, sangre y sudor que entra por las rendijas; te sumerges en historias literarias para no pensar que existe un mundo más real que el tuyo.
Pero un día te cae un cascote del techo de tu mundo en la cabeza. El monstruo está ahí fuera, hambriento de ti también. Te das cuenta de que si no haces algo, el monstruo tarde o temprano acabará por derrumbar tu mundo sobre tu cabeza para luego devorarte. De modo que te hinchas de valentía, y comienzas a picar la pared. Conforme ensanchas la grieta, vas viendo la luz. Finalmente consigues demoler la cápsula mundo en la que has vivido toda tu vida.
Ahora te encuentras en el mundo real. Miras arriba y allí esta el monstruo amenazante. Sales corriendo hacia donde está toda esa gente luchando contra el monstruo, cada día más grande, hambriento y feroz. Ves que hay mucha gente encerrada en sus cápsulas mundo. Empiezas a llamar a sus puertas avisándoles de los peligros del monstruo. Ves cómo una cápsula de hormigón como la tuya se derrumba y sale una persona corriendo hacia donde estáis todos. Otra cápsula derruida, otra persona que sale. Más cápsulas, más personas.
Conforme las personas van saliendo se sus cápsulas y se van uniendo, el monstruo va perdiendo tamaño y fuerza. Sigue enfurecido, pero ya no tiene tanto poder. Ahora las personas salen de sus cápsulas en masa. El poder ha cambiado de bando. El monstruo comienza a retroceder, toma forma de monstruito dócil, inocente y bondadoso. Pero la Historia ha enseñado a la gente que esa transformación es  sólo una estrategia que emplea el monstruo cuando se ve debilitado. Todos estamos de acuerdo: hay que matarlo.

      El despertar del bienestar 


            Nos dieron el somnífero del bienestar, nos durmieron para tomar el control de la realidad. Nos hicieron soñar que la Historia había llegado a ese tan esperado tiempo de paz en el que nunca volverían a suceder los horrores del pasado. La civilización había dado el paso decisivo, había evolucionado para siempre, el hombre civilizado por fin viviría en paz junto al hombre:
Bienvenidos, hombres, a la edad del bienestar, edad en la que la miseria, la precariedad, la barbarie y el hambre han quedado enterrados en el pasado. La única opción es ir a mejor, no hay alternativa. Así que relájense, acomódense, duérmanse. El timón de la Historia está en buenas manos. Llegó el momento de la prosperidad ilimitada, el momento del gran confort, de la opulencia repartida. Despreocúpense, no miren atrás, no miren a su alrededor, no miren al futuro. Agachen la cabeza, pongan la vista en su ombligo y disfruten de todo exceso que quede a su alcance. Nosotros, padres protectores en el poder, nos encargaremos de conducir a la Historia, guiaremos a la civilización por el buen camino, el camino progreso global, el único camino -.
Pero algunos empezamos a intuir un estruendo a lo lejos que nos despertó, un sonido ensordecedor que iba acercándose a nuestro mundo. Comenzamos a entreabrimos los ojos y miramos por las cerraduras del poder: nos percatamos de la existencia de una gran maquinaria que servía para inducir al sueño: nuestro descanso no era real, era prefabricado. Abrimos los ojos para siempre, salimos del apacible sueño inducido y nos vimos insertos en la trama de la realidad. La Historia no había acabado. Simplemente habíamos pasado a un nuevo capítulo. Pero la guerra continuaba, esta vez en modo virtual. Una cruenta guerra invisible destinada a alcanzar hasta el último confín del mundo, una guerra en la que los muertos eran muertos por inanición, las torturas eran psicológicas, las víctimas por explotación, las armas económicas, las causas políticas. Una nueva guerra fría dividida en dos bandos:
A un lado, los de abajo, las mayorías sociales, el mayor ejército del mundo. Pero eso sí, un ejército durmiente, distraído, enjugascado, desprovisto de armas de combate, fragmentado, dividido, ocupado en nimios conflictos. Al otro lado, el bando de arriba, posicionado cual francotirador, organizado desde hace siglos, surtido de los más avanzados artefactos de combate: tecnología de vanguardia, leyes redactadas, centros de producción, armas de persuasión, ejércitos militares, intelectuales a sueldo, jueces amigos, políticos comprados y sobre todo, dinero, mucho dinero.
Esto es lo que vimos cuando despertamos. Los cañones de la legalidad disparaban todos los días contra nuestra calidad de vida, los misiles del poder reventaban sobre nuestros avances sociales, el sonido de las bombas mediáticas reprimía la evolución espiritual de la sociedad. Nuestra vida era un paseo por un campo de minas en la que a cada paso iban explotando derechos históricos.
Los que despertamos empezamos a correr gritando, confundidos, desesperados. Enchufamos todas las alarmas para despertar a los demás. Pero el sueño del confort es demasiado profundo. Algunos comienzan a descubrir que ciertamente todo es un sueño, pero por temor al ruido de la guerra no quieren despertar. Otros insisten en que su sueño es la pura realidad y a los despiertos nos llaman pesimistas, locos, conspiranoicos. Otros dicen que el sueño es la única forma de vida posible y nos llamaron idealistas, ilusos, soñadores, creyendo que la vida en el sueño les mantendrá a salvo de la guerra. A pesar de todo, muchos otros van despertando y a su vez van despertando a otros.
Y todos juntos nos encontramos con los que nunca han caído en el sueño del bienestar, o los que llevan ya tiempo levantados, expertos que nos instruyen con la verdad, nos disciplinan en la razón, nos enseñan el arte de la resistencia.

Ahora sabemos que la única salvación pasa por susurrar a los oídos de los durmientes: organicémonos, esto es la guerra.

      El negocio de la comunicación


            Empresa de seguros: - Necesito clientes -.
Antena 3: - Vale, nosotros somos una empresa que se dedica a convertir personas en clientes -.
Empresa de seguros: - ¿Cuántos clientes conseguiré con XXXXXXX €?
Antena 3: - Bueno, nosotros no te podemos asegurar un número exacto de clientes, pero sí que te podemos garantizar que tenemos una audiencia de XXXXXXX personas, que son clientes tuyos en potencia. Y también te podemos asegurar que tenemos un equipo de profesionales del marketing, publicidad y comercio invirtiendo todas sus capacidades en disparar los beneficios de empresas como tú -.
Empresa de seguros: - Confío en su eficacia -.
Antena 3: - Te hablaré a cerca de nuestra eficacia: nuestro repertorio de programas está destinado a educar entreteniendo a nuestros millones de televidentes: en nuestros gabinetes de creación de programas participan profesionales de psicología publicitaria que conocen a fondo la psicología de la audiencia, y saben cómo convencerles de que tus productos son una necesidad imprescindible para ellos-.
Empresa de seguros: - Ya ¿Puedes concretar un poco? -.
Antena 3: - Sí, mira, te pondré el ejemplo de nuestro programa estrella, el telediario, en relación a tus productos. Si contratas nuestros servicios, dispondremos las noticias de modo que se cree un ambiente inconsciente en la audiencia de miedo e inseguridad ante todos los aspectos de la vida, y cuando ese sentimiento gobierne su percepción del mundo, aparecerá el anuncio de vuestra empresa. De este modo, los espectadores no serán capaces de salir a la calle sin vuestra protección, no cogerán el coche sin contratar vuestro seguro de mayor calidad, no vivirán tranquilos sin instalar en sus casas un complejo equipo de alarmas, no serán capaces de respirar sin haber contratado un seguro de vida de alto riesgo -.
Empresa de seguros: - Perfecto, es más de lo que puedo desear -.
Antena 3: - GraciasSeguimos prosperando para servirles -.

.


No hay comentarios:

Publicar un comentario