Estamos de
suerte. Los Mercados han hablado. Dicen que tienen intención de favorecer a
España. El gobierno, el Príncipe, el presidente del banco Santander y un
ejército de tertulianos mediáticos, portadores del mensaje de las Divinidades, confirman:
los Mercados nos han escuchado. Están contentos: han aceptado nuestros
sacrificios con misericordia. Tendremos que seguir tributándoles derechos y
bienes públicos durante los próximos años. Pero estamos en el buen camino.
Estamos siendo buenos y de seguir así pronto seremos recompensados.
Para que los
Mercados nos inunden de prosperidad, los sacerdotes mediáticos, intérpretes de
los signos Divinos, aconsejan: confíen. Tengan fe. Los Mercados financieros,
las Providencias divinas, exigen confianza. Fe. Confíen en los Inversores como
confían en San Pancracio. Confíen en la de los medios de comunicación como
confían en la Ciencia. Que nadie se cuestione la verdad proclamada por los
mensajeros de los Dioses porque, entonces sí, serán castigados. Hay que creer.
No hagan caso de los pesimistas que ven el vaso medio vacío porque en ellos se
encuentra el Mal. Desoigan a esos hijos de Belcebú que advierten que todo es
mentira, porque sólo quieren que los espíritus malignos aniden en sus almas.
Para que la Divinidad entre en sus casas hay que creer.
Sólo si son
capaces de amar al Capital, el Capital les amará. Sólo si rezan todos los días a
la Santísima Señora de las Inversiones, la prosperidad les acompañará. Todo es
posible: que sus hijos y nietos encuentren un lugar en el mundo, que sus padres
y abuelos descansen sin romperse la cabeza de desesperación por llegar a fin de
mes; todo es posible, pero sólo con Fe.
Confíen en
los Mercados. Los Mercados son justos. Si los Mercados nos exigen sacrificar los
hospitales, las escuelas, los juzgados, las autovías, los montes, o si tienen a
bien que les tributemos con derechos laborales es porque nos hemos portado mal
con ellos. Hemos estado demasiado tiempo abusando de ellos. Demasiado tiempo
disfrutado de derechos constitucionales por encima de nuestras posibilidades. El
castigo es justo y necesario. No cuestionen la justicia de los Mercados. Tengan
fe. Los Mercados son justos.
Los Mercados
no crean pobreza, los Mercados no crean miseria. Son los faltos de Fe los que
crean su propia pobreza. Los únicos castigados son los que no saben entrar en
contacto con el Capital, los que no saben escuchar Su palabra. Si no se
esfuerzan por seguir el sendero de los Mercados serán infligidos. Pobre de aquel
desempleado que reniegue de trabajar 12 horas seis días semanales por menos de
1.000 Euros. Pobre de aquel intelectual que no se adapte a un puesto de
camarero o de repartidor de pizzas. Pobre de aquel pequeño empresario que no
escuche la voluntad de los Mercados. Pobre de aquel estudiante que reniegue de
exiliarse a un país lejano para ser tratado como un ciudadano de segunda. Pobre
de todos aquellos que no quieran entrar en contacto con los Mercados.
Recen a los
Mercados, contacten con Ellos, busquen el camino que les lleva honrarlos. Confíen.
Tengan Fe. Sólo así encontrarán la Salvación. Amén.


