lunes, 29 de julio de 2013

El duende de las ideas rancias.

Cuentan que en tiempos de crisis se aparece el duende de las ideas rancias y se instala en las casas de la gente. Es un duende parlanchín que no hace más que hablar. Las familias lo acogen porque resulta entretenido. Parece inofensivo pero, poco a poco, con su infinito parloteo va pudriendo las ideas de las personas.
Cuando la gente se da cuenta de que la pobreza va alcanzando a las capas sociales más bajas y teme que les llegue a ellas, el duende les dice al oído: «ellos se lo han buscado, tú cúbrete y mira para otro lado, cúbrete y mira para otro lado».
Cuando desde las altas instancias se dice que no hay recursos para todos y que alguien tiene que ser sacrificado, el duende susurra: «los buenos son los que tienen el dinero, la culpa es del pobre, del que trabaja en negro, del que viene de otro país, del que tiene ideas diferentes».
Cuando la gente ve que la corrupción está instalada en las altas esferas de la política, el duende convence: «no busques explicaciones, son todos unos chorizos, son todos unos chorizos».
      Cuando no hay salida y se precisa a todas luces un cambio de gobierno, el duende sentencia: «tú no puedes hacer nada, olvídate de la política, olvídate de la política».



El actual testamento.

Jesucristo resucitó de nuevo y vio que los pocos que acumulaban exuberancias, lujos y opulencias eran los que creaban unas tasas de paro y de miseria alarmantes. Entonces dijo: «expropiar a los ricos y repartir la riqueza».


domingo, 28 de julio de 2013

Libertades individuales, cautiverios colectivos.

La serie Dollhouse se enmarca en un mundo futurista distópico en el que los avances tecnológicos han desarrollado la capacidad de formatear, para seguidamente reconstruir, la conciencia de los seres humanos. La historia se basa en las relaciones sociales de una empresa que se dedica a alquilar seres humanos cuyas mentes han sido personalizadas en función de las fantasías y caprichos de sus clientes. Esto es un ejemplo que pone de manifiesto las bondades de la iniciativa privada (o libertad individual, como se conoce en neolengua) que tanto magnifican los sacerdotes del capitalismo. Los dueños de la empresa son personas soberanas que tienen la libertad de comercializar con los recursos que se apropian, sean materias primas, conocimiento, o, como en este caso, personas (recursos humanos en neolengua).
En nuestros días observamos cómo el sistema capitalista está evolucionando hacia un modelo que tiende a hacer realidad ficciones tan faltas de ética como las de Dollhouse. Un ejemplo, en EE.UU el sistema de prisiones está pasando de manos del estado a manos privadas. Sus dueños se lucran con el mantenimiento de presos que alquilan a grandes empresas (como Microsoft, Starbucks o Colgate) en calidad de fuerza de trabajo barata. A todas las grandes empresas involucradas en el negocio, por supuesto, les interesa tener una rica cantera de recursos humanos, por lo cual ejercen presión en los gobiernos para que modifiquen el código penal de modo que las clases más humildes ingresen en prisión por delitos menores o pequeñas infracciones como lo son impagos de multas o consumo de drogas.
En definitiva, la libertad individual dentro de un sistema capitalista se traduce, pues, en libertad de apropiación, explotación y dominio: en otras palabras, cautiverios colectivos.



sábado, 27 de julio de 2013

Robo en el banco

La policía sale escopetada al recibir la llamada de robo en un banco. Llega al lugar y hay una mujer chillando histérica: - me han robado la casa, los ahorros, la vida-.


El régimen de la tribu.




Cada noche, el hechicero ofrecía a su tribu el comunicado de los Dioses. Sólo él tenía el poder de comunicarse con las divinidades. Encendía la hoguera mística, removía el caldero de los agüeros, realizaba la danza de la invocación y profería las palabras que los dioses querían hacer llegar a la tribu. La tribu interiorizaba las palabras del hechicero.
Un día el hechicero le dijo a la tribu que los Dioses estaban enfadados. La tribu no había sido tan generosa con los Dioses como debiera. Ahora tendrían que pagar la injuria: a partir de ahora la tribu tendría que duplicar los tributos ofrecidos a los dioses: tendría que donar más jóvenes para el sacrificio, más alimentos, más piedras preciosas,  construir más monumentos de culto. Si la tribu no hacía lo que se le decía, los Dioses la castigarían con hambre, enfermedades y otras miserias.
La tribu asumió el mensaje con sumisión y desde esa misma noche se puso a trabajar sin tregua para satisfacer los mandatos de sus Dioses. La tribu decidió trabajar mucho y dormir poco para impulsar la ampliación del templo de los Dioses. Cada día, en la caía el sol, la tribu depositaba en el templo sus ofrendas alimenticias. Las caídas de sol de los domingos, colocaba en el altar del templo oro y otros metales preciosos. Y con el solsticio de invierno, debía donar una joven virgen. Cuando la tribu dormía, los dioses, descendían de sus tronos para llevarse las donaciones.
Por la noche, el hechicero comunicaba qué cantidad de bienes debía donar la tribu a los Dioses el día siguiente. Durante el día, el rey, que gobernaba por mandato divino, mandaba a sus secuaces para que dirigiesen la construcción del templo, el cual él habitaba. Parte de la tribu se dedicaba a arar, otra parte a recoger cosechas, otra parte a la búsqueda de metales preciosos, otra parte a la construcción del gran templo.
Al cabo de unos meses, la tribu ya estaba exhausta de tanto trabajo. Con las exigencias de los Dioses, apenas le quedaba a ella especias para comer, material para sus viviendas, fuerzas para trabajar y tiempo para dormir. El hechicero convocó a la tribu para felicitarla del buen trabajo que estaba realizado. Los Dioses estaban contentos: estaban bien alimentados, bien enriquecidos y satisfechos de ver su templo cada día más grande y opulento. Pero todavía no era suficiente, si la tribu quería el perdón de los Dioses, había que aumentar más el ritmo de trabajo.
La tribu intensificó más todavía su nivel de trabajo. Al cabo de un tiempo, la tribu empezó a sufrir problemas de salud: la malnutrición, la deshidratación y desgaste físico dejaban paso a enfermedades de toda índole, niños, ancianos, hombres y mujeres morían todos los días.
Unos pocos miembros de la tribu comenzaron a cuestionarse si realmente merecían tal clase de castigo, si los Dioses eran tan retorcidos como para tolerar una crisis tan feroz como la que estaban transitando. Se preguntaban si las cosas podrían ser de otra manera. La gran mayoría de los miembros simplemente achacaban los mandatos que el hechicero dictaba como mediador de los Dioses. No había alternativa.
Un día, a Hako, joven esforzado, se le hizo tarde en la recogida de la fruta que se debía ofrendar a los Dioses. Cuando cayó el sol, todos los miembros de la tribu fueron al templo a donar sus tributos a las divinidades. Hako, apurado, ansioso y con un fuerte sentimiento de culpa, tuvo que seguir recogiendo fruta hasta bien caída la noche. Cuando por fin había recolectado la cosecha, mientras todos los demás miembros de la tribu descansaban las pocas horas que duraba la noche, fue corriendo hasta el templo para entregar su parte.
Cuando llegó al templo, antes de entrar por la puerta principal escuchó un barullo que provenía de dentro. Se asomó con sigilo para ver que allí estaban el hechicero y los secuaces del rey cogiendo las ofrendas de la tribu. Se las llevaron hacia dentro del templo. Hako, asegurándose de no ser visto, los siguió hasta una gran sala. Vio cómo depositaban todas las ofrendas encima de una mesa, se sentaban y esperaban en silencio. Al momento, entró el rey junto a otros secuaces y varias mujeres. Se sentaron y todos juntos comenzaron a devorar el opulento manjar. Hako no podía creer lo que veía. Estaba desconcertado ¿Serían ellos los Dioses?
Durante las más de tres horas que duró el banquete Hako vio con sus propios ojos cómo todos los presentes comían y bebían con gula hasta hartarse. No sobró nada. El rey se levantó y le dijo al hechicero: -mañana le dirás a la tribu que los Dioses quieren lo mismo que han recibido hoy, pero más carne de buey-.
Antes de que se levantasen los demás comensales, Hako salió corriendo hacia su choza. Amanecía, algunos miembros de la tribu ya estaban despertando para ir a trabajar. Hako les contó atónito lo que había visto. La tribu le escuchó incrédula. Quizás Hako habría tomado opio ese día y había tenido una alucinación.
Al acabar el día, tras el depósito de las ofrendas en el altar del templo. El hechicero convocó a la tribu para comunicarle que los Dioses estaban contentos con la ofrenda del día anterior, pero, para que todo fuese bien, a partir del día siguiente deberían ofrendar más carne de buey. Algunos, al recordar las palabras de Hako, comenzaron a plantearse su veracidad. En ese momento, Hako se levantó del suelo para decirle indignado al hechicero lo que la noche anterior habían visto sus ojos. El hechicero tras unos segundos de reflexión dijo a la tribu que el rey y sus secuaces, entre los cuales él formaba parte, eran el vehículo mediante el cual los Dioses recibían las ofrendas de la tribu.
Algunos miembros de la tribu creyeron al hechicero. Otros comenzaron a tejer la insurrección.

jueves, 25 de julio de 2013

La vida es lucro, la muerte también.

El PP estableció que los conductores de Renfe perderían parte de su sueldo con cada retraso (es una forma de aumentar la competitividad y la producción, ya que miles de personas deben coger a diario el tren, llegar a sus trabajos a tiempo, para así maximizar las ganancias a sus empresas y que de esta forma crezca la economía del país (aunque luego buena parte de esta economía sea succionada por unos pocos magnates financieros avarientos). El conductor tenía que correr, debía llegar a su destino puntual para que no le descontasen un porcentaje de su sueldo. Competitividad, producción, máximo crecimiento, ganancias inmediatas, codicia: el capitalismo mata.
Y luego hace negocio de sus muertes: en los próximos días los medios de comunicación nos van a contar hasta el último morboso, nauseabundo y enfermizo detalle de la catástrofe. Jugarán con nuestras emociones y las de los afectados a través de la producción y emisión de videos, testimonios, noticias, tertulias y reportajes que les producirán más beneficios económicos.























Nuestras condolencias a los afectados:



lunes, 22 de julio de 2013

Pepe Ro, el parado que votó al PP, viendo el telediario.

22/7/2013


Hoy la cerveza me la voy a tomar en casa porque me la hago todos los días en el bar y al final de sueldo (400 € que me da la seguridad social por ser parado de más de 52 años) me sobra mes. Así que cojo el mando a distancia y me abro la cervecita. Mira tú por donde, hoy voy a ver las noticias. Aquí mismo, en antena 3 que Acaban de empezar y la presentadora está muy guapa. A ver cómo va el país.
Dicen que Rajoy va a comparecer en el parlamento, a ver si es verdad que da explicaciones y nos dice quién se ha llevado o no se ha llevado sobres.
Menos mal que han metido al Bárcenas ese en la cárcel. Por lo menos algo funciona en España: la justicia. A ver si ahora lo embargan y de puta madre.
Ahora sacan al sinvergüenza del Rubalcaba ese. Menudo granuja, si es que son todos iguales, de izquierda y de derecha.
La Cospedal dice que Bárcenas era un ladrón y que no tiene nada que ver con el  Partido Popular. Anda que no, pero bueno, cuando lleguen elecciones les votaré igualmente. Todo con tal de que no salgan los sociolistos esos.
Me estoy enterando de todo lo que ha pasado con el caso Bretón, hasta de si caga blando o duro. Menudo hijo de puta. Tendrían que matarlo. En EE.UU ya lo hubiesen fulminado. Lo mismo tendrían que hacer aquí.
Por fortuna no todo son malas noticias: el turismo está creciendo en las playitas. Eso, eso, que vengan los guiris y que se dejen aquí los dineros (Anda que tía más buena en tanga). Si esto sigue así, en cuatro días saldremos de la crisis. Cuando me salga un buen curro me pienso comprar una casa nueva y un coche, además de pagarle los estudios a los chiquillos, claro, y de hacer las bodas de plata con mi mujer.
Joder con la juventud esta, está loca, tirándose a la piscina desde los balcones, normal que se rompan las piernas. Y es que el que han entrevistado tiene razón: se ponen hasta arriba con alcohol barato: si es que lo tendrían que poner más caro el alcohol joder, así no pasarían estas cosas, que además las tenemos que pagar con los impuestos de todos.
A ver la fiesta taurina. Joder, ese toro debe pesar unos 400 Kg, a ver si coge a alguien. Ostia, al chaval ese le ha tenido que joder bien. Si es que se ha acercado cuando iba a embestir, normal.
Vaya, le ha caído un relámpago a un chaval y no lo ha matado de milagro. Las tormentas de verano son peligrosas. Por suerte los especialistas del telediario nos dan consejos para que no nos pase. Por eso es bueno ver las noticias.
Joder con los accidentes de tráfico: cuatro este fin de semana. Mira, a ese lo han destrozado ¡ostias, qué imagen! Hay que tener mucho cuidado en la carretera.
Mira, casualmente en la publicidad lo están diciendo: que hay que asegurarse todas las piezas de coche antes de viajar. Tendremos que contratar un seguro de estos que dicen que te hacen las revisiones gratis.
Bueno, y ahora lo que interesa: los deportes.


sábado, 20 de julio de 2013

En mi mundo no quiero monstruos



Un día ves brillar una luz. Te acercas y te das cuenta de que sale de una grieta. Miras a tu alrededor te das cuenta de que esa grieta forma parte de la pared de tu mundo. Te asomas a la grieta y ves que existe otra realidad, un mundo distinto del tuyo. Más real, más inmenso, más incómodo.
Tú vives muy bien en tu mundo, no quieres cambiarlo. Así que te pones a cimentar la grieta por la que asoma la luz. Todo pasó. Puedes vivir en tu realidad sin que nada amenace tu forma de vida, tus creencias, tus costumbres, tus gustos, tu visión del mundo.
Pero tu realidad no está blindada en oro y al poco tiempo la pared se vuelve a resquebrajar, así que añades una nueva capa de cemento. Aparece otra grieta, das otra capa de cemento. Más grietas, más cemento. Las fisuras de tu cápsula mundo van apareciendo demasiado rápido. Tienes que esforzarte mucho para mantener tu realidad intacta. Piensas que quizás tendrías que asomarte a un agujero y acostumbrarte a ese mundo tan diferente. Te asomas, pero lo que ves no te gusta: hay mucha gente ahí fuera luchando contra un monstruo gigante. Toda esa gente te está llamando, te dicen que te necesitan, te dicen que tú también los necesitas. Te dicen que, si no sales, un día el monstruo acabará por devorarnos a todos. Pero tú no quieres salir de tu mundo: te da miedo el monstruo, te da miedo la gente, te da miedo la realidad de ahí fuera.
De modo que insistes en seguir reformando tu cápsula de hormigón: la insonorizas para no escuchar los gritos de afuera; la perfumas para solapar el olor a hambre, sangre y sudor que entra por las rendijas; te sumerges en historias literarias para no pensar que existe un mundo más real que el tuyo.
Pero un día te cae un cascote del techo de tu mundo en la cabeza. El monstruo está ahí fuera, hambriento de ti también. Te das cuenta de que si no haces algo, el monstruo tarde o temprano acabará por derrumbar tu mundo sobre tu cabeza para luego devorarte. De modo que te hinchas de valentía, y comienzas a picar la pared. Conforme ensanchas la grieta, vas viendo la luz. Finalmente consigues demoler la cápsula mundo en la que has vivido toda tu vida.
Ahora te encuentras en el mundo real. Miras arriba y allí esta el monstruo amenazante. Sales corriendo hacia donde está toda esa gente luchando contra el monstruo, cada día más grande, hambriento y feroz. Ves que hay mucha gente encerrada en sus cápsulas mundo. Empiezas a llamar a sus puertas avisándoles de los peligros del monstruo. Ves cómo una cápsula de hormigón como la tuya se derrumba y sale una persona corriendo hacia donde estáis todos. Otra cápsula derruida, otra persona que sale. Más cápsulas, más personas.
Conforme las personas van saliendo se sus cápsulas y se van uniendo, el monstruo va perdiendo tamaño y fuerza. Sigue enfurecido, pero ya no tiene tanto poder. Ahora las personas salen de sus cápsulas en masa. El poder ha cambiado de bando. El monstruo comienza a retroceder, toma forma de monstruito dócil, inocente y bondadoso. Pero la Historia ha enseñado a la gente que esa transformación es  sólo una estrategia que emplea el monstruo cuando se ve debilitado. Todos estamos de acuerdo: hay que matarlo.




viernes, 19 de julio de 2013

El despertar del bienestar



Nos dieron el somnífero del bienestar, nos durmieron para tomar el control de la realidad. Nos hicieron soñar que la Historia había llegado a ese tan esperado tiempo de paz en el que nunca volverían a suceder los horrores del pasado. La civilización había dado el paso decisivo, había evolucionado para siempre, el hombre civilizado por fin viviría en paz junto al hombre:
- Bienvenidos, hombres, a la edad del bienestar, edad en la que la miseria, la precariedad, la barbarie y el hambre han quedado enterrados en el pasado. La única opción es ir a mejor, no hay alternativa. Así que relájense, acomódense, duérmanse. El timón de la Historia está en buenas manos. Llegó el momento de la prosperidad ilimitada, el momento del gran confort, de la opulencia repartida. Despreocúpense, no miren atrás, no miren a su alrededor, no miren al futuro. Agachen la cabeza, pongan la vista en su ombligo y disfruten de todo exceso que quede a su alcance. Nosotros, padres protectores en el poder, nos encargaremos de conducir a la Historia, guiaremos a la civilización por el buen camino, el camino progreso global, el único camino -.
Pero algunos empezamos a intuir un estruendo a lo lejos que nos despertó, un sonido ensordecedor que iba acercándose a nuestro mundo. Comenzamos a entreabrimos los ojos y miramos por las cerraduras del poder: nos percatamos de la existencia de una gran maquinaria que servía para inducir al sueño: nuestro descanso no era real, era prefabricado. Abrimos los ojos para siempre, salimos del apacible sueño inducido y nos vimos insertos en la trama de la realidad. La Historia no había acabado. Simplemente habíamos pasado a un nuevo capítulo. Pero la guerra continuaba, esta vez en modo virtual. Una cruenta guerra invisible destinada a alcanzar hasta el último confín del mundo, una guerra en la que los muertos eran muertos por inanición, las torturas eran psicológicas, las víctimas por explotación, las armas económicas, las causas políticas. Una nueva guerra fría dividida en dos bandos:
A un lado, los de abajo, las mayorías sociales, el mayor ejército del mundo. Pero eso sí, un ejército durmiente, distraído, enjugascado, desprovisto de armas de combate, fragmentado, dividido, ocupado en nimios conflictos. Al otro lado, el bando de arriba, posicionado cual francotirador, organizado desde hace siglos, surtido de los más avanzados artefactos de combate: tecnología de vanguardia, leyes redactadas, centros de producción, armas de persuasión, ejércitos militares, intelectuales a sueldo, jueces amigos, políticos comprados y sobre todo, dinero, mucho dinero.
Esto es lo que vimos cuando despertamos. Los cañones de la legalidad disparaban todos los días contra nuestra calidad de vida, los misiles del poder reventaban sobre nuestros avances sociales, el sonido de las bombas mediáticas reprimía la evolución espiritual de la sociedad. Nuestra vida era un paseo por un campo de minas en la que a cada paso iban explotando derechos históricos.
Los que despertamos empezamos a correr gritando, confundidos, desesperados. Enchufamos todas las alarmas para despertar a los demás. Pero el sueño del confort es demasiado profundo. Algunos comienzan a descubrir que ciertamente todo es un sueño, pero por temor al ruido de la guerra no quieren despertar. Otros insisten en que su sueño es la pura realidad y a los despiertos nos llaman pesimistas, locos, conspiranoicos. Otros dicen que el sueño es la única forma de vida posible y nos llamaron idealistas, ilusos, soñadores, creyendo que la vida en el sueño les mantendrá a salvo de la guerra. A pesar de todo, muchos otros van despertando y a su vez van despertando a otros.
Y todos juntos nos encontramos con los que nunca han caído en el sueño del bienestar, o los que llevan ya tiempo levantados, expertos que nos instruyen con la verdad, nos disciplinan en la razón, nos enseñan el arte de la resistencia.
Ahora sabemos que la única salvación pasa por susurrar a los oídos de los durmientes: organicémonos, esto es la guerra.


La indiferencia

La indiferencia es el ego cubierto con una espesa capa de hormigón. Cuando aparece una realidad incómoda ante sus ojos, el ego se recoge en su interior para darse una ducha de cemento armado, y luego se pone al sol de la evasión para acartonarse en sus placeres. 


Terrorismo financiero

  

Desde despachos que rozan el cielo, los amos de las finanzas con poderosas calculadoras cuánticas desatan tormentas perfectas que se extienden a la velocidad de la globalización. La especulación financiera es un huracán virtual que surge desde las ventanas de la banca internacional; a su paso va desposeyendo a las poblaciones de su riqueza para acumularla en sus ordenadores privados. El ojo del huracán financiero, que es la codicia, engulle moneda a moneda, billete a billete, a la economía real, que es la que alimenta a los pueblos: eleva los precios por los aires, devasta los puestos de empleo, devalúa la fuerza de trabajo. Las ventanas de la banca internacional succionan con sus vorágines especulativos el jugo del esfuerzo del pueblo. Desde las ventanas de los rascacielos caen tormentas de granizo que apedrean las cabezas de los trabajadores y las cosechas que los alimentan. La especulación es el tormento que atruena sobre la salud de las democracias, hundiéndolas en crisis existenciales. Mientras la tormenta especulativa continúe los derechos humanos no serán más que papeles mojados de sangre financiera.

Posesión cultural


El consejo de nigromantes de la gran empresa conjura en su ceremonia industrial a los espíritus de la persuasión. Los entes acuden a la invocación creativa. Los nigromantes los condensan en un hechizo publicitario disfrazado de obra de entretenimiento o de informativo. El encantamiento, cargado con las fuerzas del convencimiento, se libera desde la pantalla tecnológica. Los espíritus, representantes de intereses comerciales, se abalanzan enrabiados hacia la mente espectadora. Con su apariencia de inocencia, neutralizan sus recursos racionales; con sus promesas de placer inminente, la embelesan; con sus espectáculos de circo psicodélico, la hipnotizan. Así logran introducirse en el núcleo neuronal, donde inyectan su néctar cultural y se instalan como moradores metafísicos. Se apoderan de la conciencia, la poseen. Ahora detentan fragmentos de poder. Manipulan sus conexiones ideológicas: condicionan la interpretación de la realidad, influyen en las tomas de decisiones, confunden los deseos y las necesidades.

Sólo un espíritu, el crítico, será capaz de exorcizar de la conciencia a los entes comerciales.



Capitalismo pirómano



El capitalismo financiero ha prendido a la civilización con la antorcha de la usura. Las llamas se propagan por la economía, la política, la sociedad, la comunicación: los cuatro poderes se funden en el caldero del capital. Los engranajes del mercado global, enrojecidos como diablos, a su paso carbonizan: a las personas, a los animales, a los vegetales, reduciéndolos a ascuas, recursos de comprar y tirar. El fuego del libre mercado, provocado desde las altas esferas, incinera a los espíritus, consumiendo su esencia en brasas: a los de los pueblos, en piras inquisidoras; y a los del poder, en la hoguera de la codicia. El capitalismo pirómano celebra pirotecnias de derechos humanos que estallan como fuegos artificiales y se desvanecen entre los valores del mercado. La solidaridad por la otredad se evapora en espeso y negro humo que anega a las conciencias de confusión vital. El aire se lleva a la dignidad humana, calcinada, como a las cenizas del volcán. La resignación de los buenos es la maleza que alimenta las llamas de este incendio civilizatorio y la indiferencia el clima que lo permite.


¿Cuánto dinero te hace falta para vivir?


Un empleado de mercadona económicamente vive bastante bien: puede cobrar 1.300 € mensuales, al año 15.600 € (más de la media, que son 12.000 €). Ponle que esta persona empieza a trabajar a los 20 y se jubila a los 67: habrá ganado en su vida 733.200 €. Es decir, que una persona humana con 1 millón de € puede vivir toda una vida desahogadamente. ¿Te imaginas lo que sería tener 5 millones €? Podrías vivir toda una vida de derroches y despilfarros, si eso te hiciese feliz.
Pues el dueño de mercadota no se conforma con acumular 5 millones €, ni con 50, ni siquiera con 500 millones €: su patrimonio oficial asciende a 4.600 millones €. Insultante, humillante, degradante. Aun así, todavía necesita ampliar más su codicioso imperio.
Este el tipo de gente, conocidos como los grandes mercados financieros, que no habrá más de 15 familias en España, es la que dirige los hilos de la sociedad, la política y la economía: ellos monopolizan todos los recursos naturales y humanos: energía, combustibles, alimentos, ropa, tecnología, dinero, empleo, viviendas, finanzas, etcétera.  Y ahora están exigiendo la extinción de los derechos sociales de las mayorías para podernos explotar mejor. Ellos lo tienen bien claro: la guerra de clases existe, y la están ganando desde hace mucho. Y si no nos ponemos en marcha, la ganarán definitivamente.