viernes, 19 de julio de 2013

Posesión cultural


El consejo de nigromantes de la gran empresa conjura en su ceremonia industrial a los espíritus de la persuasión. Los entes acuden a la invocación creativa. Los nigromantes los condensan en un hechizo publicitario disfrazado de obra de entretenimiento o de informativo. El encantamiento, cargado con las fuerzas del convencimiento, se libera desde la pantalla tecnológica. Los espíritus, representantes de intereses comerciales, se abalanzan enrabiados hacia la mente espectadora. Con su apariencia de inocencia, neutralizan sus recursos racionales; con sus promesas de placer inminente, la embelesan; con sus espectáculos de circo psicodélico, la hipnotizan. Así logran introducirse en el núcleo neuronal, donde inyectan su néctar cultural y se instalan como moradores metafísicos. Se apoderan de la conciencia, la poseen. Ahora detentan fragmentos de poder. Manipulan sus conexiones ideológicas: condicionan la interpretación de la realidad, influyen en las tomas de decisiones, confunden los deseos y las necesidades.

Sólo un espíritu, el crítico, será capaz de exorcizar de la conciencia a los entes comerciales.



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