miércoles, 20 de junio de 2012

Fragmento de relato


Me iba aposentar tan plácidamente cuando comenzó el maldito tono de papá en el móvil: que tenía que presentarme en el Escorial lo antes posible, que tenía una reunión con el mexicano Marlo Slick, el supuesto hombre más rico del mundo, y no me lo podía perder. No me agradaban mucho las amistades de Papá, pero siempre me gustaba ir al Escorial. Me planté en breve en la entrada del imponente monasterio y allí estaba la cuadrilla, el rico, Papá, y sendos escoltas. Como siempre Papá practicando los principios de cortesía conversacionales de forma ortodoxa: en crsitiano: adulando al personal. Papá estudiaba técnicas escénicas en una academia de drama para ser mejor comunicador: era tan bueno en este arte que escenificaba durante todo el día, durante todo momento, lo cual a veces le hacía meter la pata en la charca del ridículo. Me presentó al tal Slim, que en principio no me hizo ni caso, pero luego, para mi desgracia, fui captando su atención. Era hombre un fornido que parecía encarnar a un animal mitológico postmoderno: rostro de ave rapaz, cuerpo porcino, rasgos y ademanes ecuestres. Luego descubriría que los similares con el buitre no eran fortuitos: era uno de los hombres más carroñeros con los que me Papá se codeaba, que no es poco decir.
Una vez agotados los protocolos básicos, empezaron a entrar en materia:
- Llevamos años cosechando –decía Papá mientras con la cabeza muy alta y gesticulando con manos, brazos y piernas - Por fin los frutos empiezan a estar maduros. Hemos endeudado al Estado hasta las entrañas, y ha sido muy divertido: vivimos por encima de sus posibilidades. Ahora para pagar los préstamos, aunque nunca se podrán pagar completamente, hay que vender todo lo que el Estado posee. Dentro de un año se sacarán a subasta unas partidas de privatizaciones muy suculentas.
-Señor Peiró – Interrumpió Slim con su voz vibrante como un timbre de edificio – No he venido de México para que me hable sobre lo bien que han hecho su trabajo en el Gobierno, ya estoy al tanto de todo. No me andaré con circunloquios: mi deseo es comprar ya mismo. Mis fondos de inversión están ardiendo en mis bolsillos, y no me parece prudente esperar a que vengan nuevos compradores. Levantó los brazos como símbolo de razonamiento aplastante, lo cual nos dio lugar para saborear un hedor a chotuno nada desestimable.
- Comprendo su deseo de anticiparse como comprador, pero comprenda usted que no es tan sencillo acelerar el proceso - . Afirmaba Papá armonizando sus palabras con, lo que él pensaba, equivalentes movimientos corporales. - La opinión pública no lo aceptaría tan fácilmente, resultaría escandaloso. Supongo que también estará al tanto de las protestas que se están sucediendo en el país.
- Venga señor Peiró, habla usted como si no fuera de los hombres más poderosos del país -. Para nuestro alivio, el señor Slim no acostumbraba a despegar los brazos de las axilas gratuitamente, seguramente por economía física, ya que cada brazo suyo eran dos piernas mías. - Además, su gente ya se está encargando de derrocar al principal movimiento de lucha social de la historia de España, el movimiento minero. Ya no hay por qué preocuparse. Le voy a dar un consejo que seguro que usted ya tiene en cuenta, si la opinión pública le da problemas, déle usted problemas materia para distraerse: invierta en sus equipos de fútbol, abra las puertas a las drogas y a las bandas callejeras: El imperio romano se fortaleció gracias al pan y al circo, el imperio global necesita pan, circo e inestabilidad. A México por ejemplo le funciona a pedir -. Dejó de caminar, se sacó del bolsillo de la camisa una caja puros, nos ofreció uno a cada sin éxito, y aspiró la primera calada, impresionantemente profunda: Mi propuesta es la siguiente: usted me vende a buen precio hospitales que funcionen, yo le pagaré lo que cuesten y le daré una buena propina, además como obsequio y muestra de cariño le proporcionaré un avión para que disfrute de autonomía espacial -. Soltó tanto humo que estaba seguro de que saltarían las alarmas de incendio. No fue así, no debían de funcionar.
Yo iba escuchando sin darle ninguna trascendencia al asunto, estaba acostumbrado a los tejemanejes de Papá, y de hecho los aborrecía moderadamente. Pero Papá estaba dispuesto a ser un gran mandatario global, y yo estaba condenado a ser arrastrado por él. De momento Slim rompió el fluir de la conversación y, entre la nube de humo que nos acompañaba y envolvía, centró su mirada de ave rapaz en mis ojos: yo puse cara de pasmado, no comprendía por qué tenía que ser yo el centro de atención de un magnate financiero de tal envergadura, financiera y física. Supuse que estaría sospechando de mí, todos los magnates desconfían de todo lo que se les topa por en medio. Prosiguió la conversación pero Slim había cambiado su actitud: seguía el hilo del tema y a la par, ante mi asombro, me escudriñaba de arriba abajo una y otra vez. Yo me encomendaba a los Dioses para que no me implicase en la conversación, y supongo que Papá más todavía, ya que mis antecedentes en materia de relaciones con los amigotes de Papá me brindaban un expediente demasiado turbio: era maestro en delatar involuntariamente las traiciones de Papá, una vez le dije a un cliente que venía a comprar armas para proteger el gobierno islamista de Siria que el pedido que enviamos el día anterior a Siria había sido mucho mayor, y es que a Papá lo mismo le daba la carne que el pescado, vendía armas a los dos bandos. Papá se quedó sin cerrar el negocio y sin con un nuevo enemigo. Como reconocimiento del mérito, Papá me consagró una bofetada honorífica, creo que fue la décima. El caso es que mis plegarias no tuvieron ningún efecto porque Slim me desgarró una sonrisa que le dejó al descubierto una dentadura de caballo viejo:
- ¿Y el chico en qué se está especializando? ¿Gestión, compra venta, especulación? -  Se suministró una calada profunda. -¿ o de todo un poco?-. Extrajo una nube de humo.
Papá me suplicó prudencia y reflexión con su mirada: que no la cagase como solía. Mientras yo barajaba la posible respuesta correcta, le di tiempo a que interviniese él mismo: - Se está especializando en comunicación, periodismo. Ya sabe, la artillería pesada del mundo de las finanzas -. Slim se impresionaba de ver cómo Papá hacía enérgicos gestos de inspiración bélica. - Está ante un maestro de la persuasión, un ingeniero del consentimiento -.
-Ah… Vaya vaya, me parece estupendo, precisamente el campo de las comunicaciones es el más relevante de nuestra era del conocimiento. Eres un chico inteligente. Estoy seguro de que eres capaz de convencer a un pato de que venda su charca para comprarse un flotador -. Estalló en una carcajada con un sonido muy propio al de los animales mitológicos. Papá y yo simulamos compartir la risa, cuando en realidad estábamos más apurados que otra cosa. – Supongo que tendréis vínculos con editoriales importantes.
- Tenemos control sobre un 80% de la información que se publica en España -. Profirió con orgullo Papá extendiendo los brazos con exageración como símbolo de inmensidad.
Slim estaba encendiéndose un segundo puro- Precisamente tenía pensado hacer una llamada a mi editorial en México para que emitiese unas declaraciones mías a cerca de lo que le conviene al país, la opinión del filántropo más rico del mundo tiene una influencia notoria sobre la opinión pública. Estaría bien que esta información llegase a los españoles. ¿Usted tiene mano, señor Peiró junior, permítame la libertad, para emitir este tipo de comunicados? -.
Me incomodaba su mirada, que parecía tener trato preferente sobre mi persona, como si yo fuese su presa, me provocaba sudores. Pero me halagó que un tipo con tanto nombre requiriese mis servicios, aunque supuse que de conocerme bien, los hubiese evitado por todos los medios. –Sí, se lo comentaré al señor Griselmo, jefe editorial del periódico Sinrazón, de fuerte tirada en el país, para el cual trabajo. Por supuesto, estaré encantado de poder colaborar con usted-.
Me dejó suspenso el comprobar que Slim ya llevaba el segundo puro por la mitad y que mi blanca camisa había absorbido el color amarillento del tabaco. - Tendrá que tener muy en cuenta los propósitos que hemos planteado, quiero decir: que el propósito es acelerar el proceso de privatización de los hospitales -. Conforme hablaba, se iba acercando más a mí, su brazo peludo y sudoroso se pegó y se refregó con el mío en contra de mis insistentes intentos por evitarlo. - Vaya preparando a las muchedumbres: haga un análisis de la situación crítica del país, hable de la insostenibilidad de la deuda, de la necesidad de pagarla, de la obligatoriedad de reducir el déficit público -. La generosa aunque ya desgastada dentadura con que la naturaleza le había dotado no obstaculizaba la expulsión a propulsión de perdigones que iban impactando en mí. El efecto visual de la atmósfera de denso humo junto a los efluvios salivales daba la impresión de que transitábamos sobre un día otoñal, nublado y lluvioso; el efecto olfativo era menos agradable. - Y a continuación plantee el mantenimiento y funcionamiento de los hospitales y el funcionariado público como una carga del país: no son sostenibles, porque no trabajan como deben; en manos privadas funcionarán mejor y todas estas cosas que se dicen al vulgo y que estoy seguro de que usted conoce mejor que yo. – Yo le asentía de continuo sin discriminar ni discernir sus argumentos, de hecho no me estaba enterando demasiado. Mi intensa voluntad de alejarme de él me impedía centrarme en su mensaje. - Nombrándome a mí como autoridad, tiene todo el viento a su favor, le aconsejo que busque en mi página web mi trayectoria biográfica y escoja los datos más convincentes. A modo de conclusión y para mi nulo deleite extrajo una vez más sus pronunciados dientes en forma de sonrisa.
Le dije que me entusiasmaba mucho y que me iba a poner manos a la obra de inmediato. Llamé a Griselmo para comunicarle la nueva, se alegró mucho de la exclusiva y de mi inesperado ataque de responsabilidad para con mi oficio. Para evitar el curso soporífero de la conversación y la compañía no menos desagradable, me despedí amablemente de los dos. Lo que no pude evitar es el último contacto con el brazo grasiento de Slim: a la vez que me daba su número de teléfono apoyaba su enorme, cálida y húmeda palma de la mano sobre mi pulcro y hasta el momento aseado hombro.
Puse mi aparato locomotor en marcha firme motivado por la ilusión y la necesidad de oxígeno.  Inconscientemente, cuando ya estaba lo suficiente alejado como para entrañar el riesgo de tener que volver a acercarme, me giré para mirar de lejos aquel peculiar animal mitológico y para mi ingrata sorpresa me percaté de que aquellos ojos carnívoros me estaban siguiendo con avidez. Aceleré los pasos e intenté no pensar en ello.

viernes, 6 de abril de 2012

Diálogo de la televisión privada



Es muy fácil olvidar lo más elemental: los canales de televisión no son hermanitas de la caridad que trabaja con fines sociales. Antena 3, por decir uno, no se preocupa porque estemos informados de los acontecimientos de la actualidad, por mucho que nos engañe guardando las apariencias con campañas de prestigio y otros embustes publicitarios. Como servicio de una empresa privada, a lo único que aspira un canal televisivo es a amasar ganancias. Ganancias que proceden de contratos y acuerdos con grandes empresas.

            Empresa de seguros: - Necesito clientes -.
Antena 3: - Vale, nosotros somos una empresa que se dedica a convertir personas en clientes -.
Empresa de seguros: - ¿Cuántos clientes conseguiré con XXXXXXX €?
Antena 3: - Bueno, nosotros no te podemos asegurar un número exacto de clientes, pero sí que te podemos garantizar que tenemos una audiencia de XXXXXXX personas, que son clientes tuyos en potencia. Y también te podemos asegurar que tenemos un equipo de profesionales del marketing, publicidad y comercio invirtiendo todas sus capacidades en disparar los beneficios de empresas como tú -.
Empresa de seguros: - Confío en su eficacia -.
Antena 3: - Te hablaré a cerca de nuestra eficacia: nuestro repertorio de programas está destinado a educar entreteniendo a nuestros millones de televidentes: en nuestros gabinetes de creación de programas participan profesionales de psicología publicitaria que conocen a fondo la psicología de la audiencia, y saben cómo convencerles de que tus productos son una necesidad imprescindible para ellos-.
Empresa de seguros: - Ya ¿Puedes concretar un poco? -.
Antena 3: - Sí, mira, te pondré el ejemplo de nuestro programa estrella, el telediario, en relación a tus productos. Si contratas nuestros servicios, dispondremos las noticias de modo que se cree un ambiente inconsciente en la audiencia de miedo e inseguridad ante todos los aspectos de la vida, y cuando ese sentimiento gobierne su percepción del mundo, aparecerá el anuncio de vuestra empresa. De este modo, los espectadores no serán capaces de salir a la calle sin vuestra protección, no cogerán el coche sin contratar vuestro seguro de mayor calidad, no vivirán tranquilos sin instalar en sus casas un complejo equipo de alarmas, no serán capaces de respirar sin haber contratado un seguro de vida de alto riesgo -.
Empresa de seguros: - Perfecto, es más de lo que puedo desear -.
Antena 3: - Gracias. Seguimos prosperando para servirles -.




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martes, 7 de febrero de 2012

Imperialismo musical




El proceso de la gota china es una tortura que consiste en someter a la víctima al sonido continuo de una gota golpear sobre su frente con el fin de agotarlo psicológicamente. Este suplicio se ha sofisticado y hoy es la población la que se somete a él por iniciativa propia. No es fácil escapar de este martirio mental porque la gota golpea en coches, autobuses, casas, comercios, etcétera, de modo que aunque huyas de ella te persigue hasta que te salpica sin poder evitarlo. La gota está disfrazada de canciones que parecen distintas pero son igual, sus componentes se reducen a: percusión electrónica de compás cuatro por cuatro invariable, estribillo repetido ocho veces en tres o cuatro minutos, dos melodías, tres en los mejores casos, que alternan voz y sintetizador de un único sonido. El constante bombardeo de un repertorio endiabladamente mínimo de canciones abrumadoramente monótonas durante minutos, horas, días, semanas, meses, años... martillea tus neuronas hasta su muerte y resurrección como zombis, y disloca tu imaginación creativa hasta la dimensión del tedio. La gota desemboca lenta y constantemente en el mar del subconsciente invadiendo las profundidades de necias melodías que perseguirán tu alma una transmigración tras otra. Cuidado con qué emisora sintonizas, las carga el poder.

domingo, 5 de febrero de 2012

Con el culo al aire, así nos quiere el sistema



Esta nueva producción es una comedia familiar, aunque sin gracia y censurable a menores, mezcla de realidad objetiva y absurdos impertinentes, que se cataloga en el género realista en la medida que muestra no una realidad existente, sino una realidad con altas probabilidades de factibilidad. Se ciñe obedientemente al contexto socio económico español de nuestros días, en el que la precariedad económica y laboral está desolando a las familias de recursos medios bajos, pero fuerza tendenciosamente la psicología y formas de vida de los personajes hacia la cosmovisión burguesa, filosofía antagónica al estatus social de sus personajes y a la del pueblo llano en general.

El argumento se basa en mostrar la convivencia de un grupo de individuos que, rechazados por el sistema debido a la crisis económica laboral, encuentran una forma de vida «asequible» y «alternativa» en un camping de ocio. En contraste con la realidad, la creación de nuevas comunidades, resulta tan verosímil como necesario dada la situación un sistema que está expulsando de sus confines a las masas medias. Pero, eso sí, tal renovación debería ir acompañada de unos principios ideológicos acordes a las nuevas formas de vida, y no estancarse en el pantano de los valores capitalistas, como les sucede a estos personajes.

La nueva comunidad, al pleno estilo de barrio caravanero estadounidense, fruto de la decadencia de las clases medias, lejos de cimentarse en principios de solidaridad, cooperación y empatía, necesarios para una convivencia armónica que se basa en el intercambio de servicios entre los vecinos, resurge analfabestiamente sobre un individualismo hermético que deriva en la rufianería: robos, chantajes, amenazas, envidias, desprecios, hipocresía, cinismo, adulterio, mamoneo y demás interactuaciones privadas de inteligencia social. Un ejemplo: la doctora, que se ve obligada a buscarse la vida allí porque, como dice un personaje «la han echao por lo de los recortes», sufre en sus carnes el abrasamiento del abuso de la comunidad: todos explotan su rol social, más que por necesidad, por ambición.

Si, como es el caso, la carencia de recursos es la causa para un cambio de vida drástico, lo lógico sería buscar estrategias que garanticen la seguridad de vida fuera del capitalismo depredador, es decir independencia alimenticia, energética y de bienestar. Pero a los personajes de la serie no les importa haber sido empujados por las escaleras del estatus social hasta un nuevo hampa legítimo, siguen alimentando al sistema que los excluye, siguen anhelando el consumo de bienes popularizados por la maquinaria publicitaria, como el iphone o las marcas de prestigio (incongruentemente pues el protagonista afirma que «han inventado fórmulas para no necesitar dinero»), y siguen aspirando a los privilegios materiales y simbólicos de las altas burguesías: no tienen recursos para una vivienda, pero sí para un equipo inmobiliario ampuloso, superficial y ostentoso.

Los vecinos aspirantes a pijos, modelo ejemplar de «familia que vive por encima de sus posibilidades», son el estereotipo clásico del personaje de las series de tv: su única preocupación es el «qué dirán» y su única pretensión es aparentar tener, no importa ser. Se escandalizan cuando ven un bolso de imitación aunque afirman no tener dinero ni para gasolina (la exaltación al consumo de grandes marcas es una característica de las cadenas de tv muy significativa, y esta serie no es ninguna excepción). La posesión de un mercedes no les supone un freno para explotar mediante el chantaje a los más necesitados, cualidad propia de la enfermedad mental llamada psicopatía.

El efecto consecuencia de la recepción social de esta serie es el de un didactismo degradante, degenerativo, autodestructivo, pues a pesar de ser una serie familiar en la que los niños tienen su lugar, hay tiempo y espacio para todo tipo de adicciones que contribuyen a la normalización: alcohol, porros, incluso anfetaminas (No deja de llamar la atención hasta la incomprensibilidad que la protagonista de la adicción a éstas últimas sea la mismísima doctora). Los más pequeños de la familia que se expongan a la obra también presenciarán escenas de sugerencia y denotación sexual tan vergonzosas y sobrantes como su propia pronunciación, mamadas, pajas, además de alusiones verbales de mayor envergadura tabú. Secuencias como la que aparece la misma doctora rebuscando en un contenedor de basura mientras se dice «mírala, tanto estudiar para acabar así» son una fuerte antimotivación para la alfabetización de las nuevas generaciones.

Toda la cadena de incongruencias no es, ni mucho menos, fruto de negligencias artísticas por parte de los creadores. Para llegar al fondo del asunto hay que tirar del hilo del capital: si llegamos a resolver el secreto de quién financia la producción y cuáles son sus intereses, nos toparemos con que no estamos sentados a una serie de entretenimiento, sino ante un circo propagandístico: la realidad que se nos muestra no es otra que la que se desea por los patrocinadores, la forma de pensar y de actuar de los personajes es la que se espera de las masas. Es otro de los hechizos que nos lanza el poder para mantenernos en estado de hipnosis y así conducirnos cual rebaños de ovejas con ojos vendados.

En definitiva, para observar la obra con espíritu crítico es necesario situarse en la óptica de la teoría de la programación predictiva
«los medios son usados para condicionar a las masas sobre cambios sociales planeados por nuestros líderes, para que cuando estos cambios se implementen sean recibidos como «una progresión natural» dentro del zurcido invisible del espacio mediático en el que estamos inmersos y de esta forma se disminuya la oposición a estos cambios. La idea es que de esta forma se propaga una infalible ilusión de que así será el mundo y así nosotros lo creamos, más allá de que esto fuera a suceder o no».