martes, 7 de febrero de 2012

Imperialismo musical




El proceso de la gota china es una tortura que consiste en someter a la víctima al sonido continuo de una gota golpear sobre su frente con el fin de agotarlo psicológicamente. Este suplicio se ha sofisticado y hoy es la población la que se somete a él por iniciativa propia. No es fácil escapar de este martirio mental porque la gota golpea en coches, autobuses, casas, comercios, etcétera, de modo que aunque huyas de ella te persigue hasta que te salpica sin poder evitarlo. La gota está disfrazada de canciones que parecen distintas pero son igual, sus componentes se reducen a: percusión electrónica de compás cuatro por cuatro invariable, estribillo repetido ocho veces en tres o cuatro minutos, dos melodías, tres en los mejores casos, que alternan voz y sintetizador de un único sonido. El constante bombardeo de un repertorio endiabladamente mínimo de canciones abrumadoramente monótonas durante minutos, horas, días, semanas, meses, años... martillea tus neuronas hasta su muerte y resurrección como zombis, y disloca tu imaginación creativa hasta la dimensión del tedio. La gota desemboca lenta y constantemente en el mar del subconsciente invadiendo las profundidades de necias melodías que perseguirán tu alma una transmigración tras otra. Cuidado con qué emisora sintonizas, las carga el poder.

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