Cuentan que
en tiempos de crisis se aparece el duende de las ideas rancias y se instala en
las casas de la gente. Es un duende parlanchín que no hace más que hablar. Las
familias lo acogen porque resulta entretenido. Parece inofensivo pero, poco a
poco, con su infinito parloteo va pudriendo las ideas de las personas.
Cuando la
gente se da cuenta de que la pobreza va alcanzando a las capas sociales más
bajas y teme que les llegue a ellas, el duende les dice al oído: «ellos se lo
han buscado, tú cúbrete y mira para otro lado, cúbrete y mira para otro lado».
Cuando desde
las altas instancias se dice que no hay recursos para todos y que alguien tiene
que ser sacrificado, el duende susurra: «los buenos son los que tienen el
dinero, la culpa es del pobre, del que trabaja en negro, del que viene de otro
país, del que tiene ideas diferentes».
Cuando la
gente ve que la corrupción está instalada en las altas esferas de la política,
el duende convence: «no busques explicaciones, son todos unos chorizos, son
todos unos chorizos».
Cuando no hay
salida y se precisa a todas luces un cambio de gobierno, el duende sentencia:
«tú no puedes hacer nada, olvídate de la política, olvídate de la política».